Me he propuesto publicar al menos dos cuentos al mes en este blog.
Es todo debido al deseo que tengo de soltarme una vez más en la prosa directa y de combate. El párrafo intuitivo, que dicen, y en el que yo no creo. Vamos, no creo que salga bien una cosa que va brotando de las meninges y se lleva al papel en directo, en una desnudez y precariedad inmisericordes.
Veo esta actividad como un ejercicio. Como eso, sí que no puedo negar que mis anquilosadas facultades van a sufrir y ponerse tensas, porque hace no sé cuánto que no escribo.
He leído mucho y he estudiado más durante estos años de silencio. Nada de lo leído ni estudiado en este tiempo me ha bajado de mi convencimiento de que lo que yo no escriba, nadie va a escribirlo por mí, y lo que de mí no salga, dentro y muy dentro va a quedarse. Y creo que no tengo derecho a privar de ello al mundo, porque creo que se merece al menos una devolución de parte de aquello que de él he recibido: quizá un poco de vida o amor o belleza, o una amalgama de todo (sincretismo, ¡cómo no!).
Esto ha comenzado por el deseo de escribir durante todo el año unos buenos cuentos de navidad para las fiestas. Estos cuentos sí irán trabajados, y por supuesto no los publicaré en este sitio. Esos me los guardo para mí y mi entorno familair. El mundo puede esperar, de hecho lleva esperando toda mi vida, y si los quiere leer que los pida y los abone.
Un saludo a quien pueda leer este solitario lugar.
Luis M.
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